LimpieZas / Marzo-Abril 2026 60 con Firma superbacterias España, siguen teniendo lagunas importantes en prevención: programas de control de infecciones con recursos limitados, infraestructuras muy antiguas, sistemas de vigilancia incompletos y una aplicación desigual de las medidas básicas de higiene ambiental. En la práctica, esto significa que hay pacientes y profesionales expuestos a riesgos que podrían reducirse con una estrategia más sistemática y proactiva. Vectores de transmisión En el entorno hospitalario, la vía principal de transmisión de bacterias multirresistentes es el contacto, tanto directo como indirecto. Las manos del personal sanitario, las superficies ambientales, los equipos médicos y los dispositivos invasivos actúan como vehículos de patógenos como MRSA/SARM (Staphylococcus aureus resistente a la meticilina), enterococos resistentes y bacilos gramnegativos multirresistentes (E. coli, K. pneumoniae, Pseudomonas aeruginosa, Acinetobacter spp.). La persistencia de estos microorganismos en superficies y biofilms facilita la colonización cruzada entre pacientes cuando la higiene de manos, la limpieza y la desinfección no son óptimas. Junto a ello, existe también una componente aérea y ligada al agua que amplifica el riesgo en determinados contextos. Algunas bacterias se transmiten a través de gotas respiratorias y aerosoles en espacios interiores, especialmente cuando la ventilación y la filtración están mal diseñadas o mantenidas. De este modo, el aire y el agua se convierten en posibles vectores que, gestionados inadecuadamente, contribuyen a la aparición y diseminación de brotes en áreas concretas. Prevención en hospitales Las guías internacionales de prevención y control de infecciones coinciden en que una proporción relevante de las infecciones asociadas a la atención sanitaria es prevenible. Para ello, los hospitales deben disponer de programas estructurados que integren higiene de manos, uso prudente de antimicrobianos, vigilancia de infecciones y microorganismos multirresistentes, formación del personal y protocolos claros de actuación. Pero la responsabilidad del hospital va más allá de las prácticas clínicas individuales: incluye el diseño, operación y mantenimiento del entorno físico. Aquí es donde aparecen muchas de las lagunas de prevención: protocolos de limpieza poco estandarizados, falta de verificación objetiva de resultados, sistemas de ventilación y filtración de aire e instalaciones de agua que no siempre se monitorizan con criterios de riesgo, o inversiones que se priorizan solo tras un brote. Unas rutinas de limpieza y desinfección eficaces, sistemas de ventilación y filtración de aire ajustados al riesgo de cada área, y una gestión adecuada de las instalaciones de agua (temperaturas, desinfección, control de biofilms y aerosoles) convierten aire, agua y superficies en una barrera activa de protección frente a las superbacterias. La clave es pasar de una cultura reactiva a otra de prevención sistemática, basada en la vigilancia continua del entorno hospitalario. Un problema sistémico Cuando hablamos de superbacterias en el hospital, hablamos de un problema que atraviesa muchos niveles a la vez y el entorno físico se comporta como un espejo del sistema. Si la limpieza es irregular, la ventilación y filtración no son adecuadas, o las instalaciones de agua no se revisan con la profundidad necesaria, tarde o temprano aparecerán los problemas; no siempre como un brote visible, sino como una sucesión de infecciones que se normalizan en la rutina del hospital. Por ello, es recomendable incorporar una mirada externa que ayude a resolver este problema sistémico, con un apoyo técnico específico en tres frentes: auditorías de limpieza y revisión de procesos; ventilación, filtración y salas de ambiente controlado; y gestión del agua y prevención de Legionella. Así, los gestores del hospital pueden entender mejor cómo está funcionando y qué acciones de mejora se pueden llevar a cabo. El objetivo es que superficies, aire y agua dejen de ser un riesgo y se conviertan en una barrera diaria de protección frente a estas bacterias. Y el desafío es pasar de una respuesta centrada en “apagar fuegos”, cuando aparece un brote, a una cultura de prevención continua, basada en datos y en la mejora progresiva de las prácticas y de las instalaciones. Solo así conseguiremos un sistema sanitario realmente confiable. En el entorno hospitalario, la vía principal de transmisión de bacterias multirresistentes es el contacto, tanto directo como indirecto
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