a fondo LimpieZas / Mayo-Junio 2026 12 química profesional ENTREVISTA Creo que esta es una de las novedades más interesantes del reglamento porque refleja cómo están evolucionando la ciencia y la industria. Cada vez vemos una mayor convergencia entre disciplinas que tradicionalmente analizábamos por separado, como la química y la biotecnología. En los últimos años han aparecido soluciones innovadoras basadas en microorganismos, enzimas y otros procesos biológicos que permiten mejorar determinadas prestaciones o reducir el impacto ambiental de algunos productos. La regulación de estas aplicaciones aporta algo fundamental para la innovación: un marco claro y predecible para invertir, investigar y desarrollar nuevos productos. Además, España dispone de capacidades muy relevantes tanto en química como en biotecnología, con empresas, universidades y centros tecnológicos que pueden desempeñar un papel importante en esta evolución. Tenemos una base científica sólida y experiencia en la transferencia de conocimiento hacia aplicaciones industriales, algo que será cada vez más importante en ámbitos como este. Por supuesto, cualquier avance debe venir acompañado de las máximas garantías de seguridad. Precisamente por eso considero positivo que la Unión Europea haya establecido reglas comunes para todos los operadores, generando confianza tanto para las empresas como para los usuarios. A medio plazo, esta apertura normativa puede contribuir a acelerar el desarrollo de soluciones más eficientes y sostenibles, al tiempo que abre nuevas oportunidades para la innovación industrial y la diferenciación tecnológica de las empresas europeas. El reglamento amplía los criterios de biodegradabilidad y elimina excepciones anteriores. Desde la Administración, ¿consideran que el sector español está preparado para asumir estos nuevos estándares ambientales sin comprometer eficacia, competitividad y costes? Mi impresión es que el sector español parte de una posición sólida para afrontar este reto. No porque vaya a ser sencillo, sino porque lleva muchos años trabajando precisamente en la dirección que marca esta regulación. Las empresas del sector han realizado un esfuerzo muy importante para desarrollar formulaciones más sostenibles, reducir impactos ambientales, optimizar procesos productivos y responder a unas exigencias regulatorias que han ido aumentando progresivamente. La búsqueda de un mejor equilibrio entre eficacia y sostenibilidad forma parte ya de la estrategia de muchas compañías. Por eso también valoramos positivamente que para ciertos criterios se haya pospuesto su definición y aplicación. Naturalmente, aumentar los requisitos de biodegradabilidad plantea desafíos técnicos relevantes. Conseguir que un producto mantenga sus prestaciones, siga siendo competitivo y, al mismo tiempo, mejore determinados parámetros ambientales exige investigación, inversión y conocimiento. No existen soluciones simples para retos complejos. Esto es especialmente relevante para muchas pequeñas y medianas empresas que constituyen una parte esencial del tejido productivo del sector. Sin embargo, la experiencia demuestra que muchas de las innovaciones que hoy consideramos habituales surgieron precisamente como respuesta a desafíos regulatorios o ambientales. Los productos concentrados, la optimización de las dosis de uso, la reducción de determinados componentes o las mejoras en eficiencia son buenos ejemplos de ello. Por eso creo que sostenibilidad y competitividad no deben verse como
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