Limpiezas 183

LimpieZas / Mayo-Junio 2026 60 Limpieza y su ámbito ENVASES consume el producto–, pero esta responsabilidad no siempre está explicitada en los contratos de servicio. El papel de fabricantes y distribuidores La gestión de los envases vacíos no recae exclusivamente sobre las empresas de limpieza. Fabricantes de productos químicos y distribuidores especializados forman parte de esta cadena de responsabilidad y, cada vez más, de las soluciones. Los fabricantes tienen obligaciones propias como productores de envases en el mercado. La extensión de responsabilidad del productor (ERP), regulada en el Real Decreto 1/2023, les exige financiar o gestionar directamente el tratamiento de los envases que ponen en circulación. En la práctica, esto se traduce en que muchos fabricantes de productos de limpieza profesional están desarrollando o adhiriéndose a sistemas de recogida y retorno de envases específicos para el canal profesional: programas de devolución de bidones y garrafas, sistemas de depósito o acuerprestar servicios en instalaciones de varios municipios o incluso comunidades autónomas diferentes, lo que obliga a conocer las particularidades de la normativa autonómica de cada territorio en materia de registro de productores, documentación de traslados y puntos de entrega autorizados. A esto se suma la variabilidad del inventario de productos. Las empresas de limpieza profesional trabajan con docenas de referencias químicas distintas, con frecuentes rotaciones de proveedor y de producto. Mantener actualizado el control de qué envases son peligrosos y cuáles no, especialmente cuando se producen cambios de formulación o de etiquetado, exige una atención constante que no siempre es fácil de sostener. Por último, la cadena de responsabilidad no siempre está clara en los contratos de prestación de servicios. ¿Quién gestiona los envases vacíos cuando la limpieza se presta en las instalaciones del cliente? ¿La empresa de limpieza o el cliente? La normativa señala al generador del residuo –en la mayor parte de los casos, la empresa de limpieza que Las infracciones graves –entre las que se incluyen mezclar residuos peligrosos con no peligrosos, no llevar el libro de registro o entregar residuos a gestores no autorizados– pueden acarrear multas de entre 10.001 y 100.000 euros. Las infracciones muy graves, como el abandono o vertido incontrolado de residuos peligrosos, pueden llegar a 1.000.000 de euros y conllevar la paralización de actividad. Más allá de las multas, el riesgo operativo es significativo. Una inspección de la autoridad ambiental autonómica puede derivar en requerimientos de subsanación que obliguen a la empresa a contratar servicios de gestión urgentes, remodelar sus instalaciones de almacenamiento o acreditar formación del personal en plazos muy ajustados. En contratos de limpieza con grandes clientes públicos o privados, el incumplimiento ambiental puede activar cláusulas de penalización o incluso la resolución del contrato. Existe también un riesgo reputacional creciente. Los pliegos de contratación pública y los procesos de homologación de proveedores de grandes empresas incorporan cada vez más criterios de cumplimiento ambiental. Una empresa de limpieza que no pueda acreditar una gestión correcta de sus residuos químicos está en desventaja competitiva real. Los retos del sector: tamaño, dispersión y complejidad El sector de la limpieza profesional presenta características estructurales que dificultan el cumplimiento normativo. La atomización empresarial es el primero de ellos: un porcentaje elevado de las empresas del sector tiene menos de diez trabajadores, lo que implica recursos administrativos y técnicos muy limitados para abordar la complejidad regulatoria. La dispersión geográfica agrava el problema. Una empresa de limpieza puede

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