a fondo empresas de servicios de calidad en el servicio. En sectores como la limpieza hospitalaria o educativa, esta situación tiene además un impacto directo sobre la salud pública y la seguridad de los usuarios. Pero hay un efecto del que se habla menos y que resulta especialmente preocupante: el deterioro que el absentismo está provocando en las arcas públicas. Cada baja prolongada supone un coste creciente para el sistema de Seguridad Social. Un coste que se multiplica cuando el fenómeno se extiende y se normaliza. Las reservas se resienten, el gasto se dispara y la sostenibilidad del sistema se pone en cuestión. Ignorar esta realidad no es proteger derechos, es hipotecar el futuro. Desde AFELIN llevamos tiempo alertando de esta deriva. No para señalar culpables, sino para exigir soluciones. Porque el absentismo no se combate con discursos simplistas ni con medidas cosméticas. Se combate con una política laboral coherente, con una gestión eficaz de las bajas, con corresponsabilidad y con un marco que proteja al trabajador sin asfixiar a quien genera empleo. Distintas propuestas En este contexto, desde el ámbito empresarial se están planteando propuestas que reflejan la gravedad de la situación. Una de las medidas que ha puesto sobre la mesa la CEOE es que las empresas dejen de asumir el pago de las cotizaciones de los trabajadores de baja si no se logra frenar el absentismo. No se trata de criminalizar la enfermedad ni de cuestionar derechos, sino de abrir un debate serio sobre la corresponsabilidad y sobre cómo evitar que un sistema pensado para proteger se convierta, en algunos casos, en un incentivo perverso. Porque si no se actúa, el riesgo es claro: empresas inviables, concursos públicos desiertos, servicios esenciales tensionados y un sistema de protección social debilitado. No es una advertencia teórica, es una realidad que ya se percibe en muchos territorios y contratos públicos. Ahora bien, ninguna solución puede ser eficaz si se plantea de forma aislada o unilateral. El absentismo en la limpieza exige un enfoque integral. La prevención debe ocupar un lugar central. La formación continua es clave, no solo para mejorar la calidad del servicio; sino para dotar a los trabajadores de herramientas que minimicen riesgos y mejoren su bienestar. El diálogo social es otro pilar imprescindible. Desde AFELIN llevamos años insistiendo en la necesidad de abordar los problemas del sector con quienes lo conocen desde dentro. Cualquier reforma normativa, cualquier ajuste en el sistema de bajas o en las cotizaciones debe negociarse con responsabilidad, pensando en el largo plazo y en el equilibrio entre derechos y deberes. Sin ese diálogo, las soluciones corren el riesgo de ser parciales y, por tanto, ineficaces. También es necesario reforzar los mecanismos de control y seguimiento de las bajas, garantizando que los procesos sean ágiles, justos y transparentes. Proteger a quien lo necesita es irrenunciable, pero también lo es evitar abusos que terminan perjudicando al conjunto del sistema y, paradójicamente, a los propios trabajadores cumplidores. Reconocer la gravedad del absentismo no es cuestionar derechos laborales, es, precisamente, protegerlos. Porque sin empresas viables no hay empleo estable, y sin empleo no hay cohesión social. Defender el Estado del bienestar implica también garantizar que los sectores que lo sostienen puedan hacerlo en condiciones razonables. Cuando el termómetro marca fiebre, lo sensato no es proporcionar un antitérmico. Lo responsable es diagnosticar, actuar y corregir. El absentismo en la limpieza ha superado ese umbral. Y lo que está en juego ya no es solo un sector; sino la capacidad de nuestro país para sostener servicios esenciales, proteger la salud pública y preservar el equilibrio de un sistema que no admite más dilaciones. 㔾 Enero-Febrero 2026 / LimpieZas 13
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