Limpiezas 181

a fondo empresas de servicios LimpieZas / Enero-Febrero 2026 20 El sector de la limpieza profesional atraviesa una etapa de enorme exigencia. A la presión sobre los márgenes se suman dificultades crecientes para organizar los servicios, estabilizar equipos y responder a clientes cada vez más demandantes. En este contexto, se habla mucho de precios, contratos o tecnología, pero se sigue prestando poca atención a una figura que sostiene el funcionamiento real de campo en el sector: el mando intermedio. Encargados, supervisores o responsables de servicio son quienes convierten la planificación en realidad. No diseñan la estrategia, pero la ejecutan. No negocian los contratos, pero determinan cómo se cumplen. En un sector intensivo en mano de obra, su papel es decisivo para la continuidad del servicio, la estabilidad de los equipos y la percepción del cliente. Donde el servicio se gana… o se pierde En limpieza profesional, el servicio se construye cada día en los centros de trabajo. Es ahí donde el mando intermedio organiza turnos, redistribuye tareas ante imprevistos, gestiona incidencias, supervisa la calidad y actúa como interlocutor directo con el cliente. Cuando surge un problema (una baja, una queja o un desajuste operativo) la primera respuesta casi nunca viene de la dirección, sino de esta figura intermedia. Por eso, buena parte de los problemas estructurales del sector tienen su origen, o su solución, en este nivel de la organización. Sin embargo, durante años el mando intermedio ha sido una figura muy exigida, pero poco acompañada desde el punto de vista formativo y organizativo. Cuando los datos ponen cifras a lo que ya vivimos Los datos ayudan a dimensionar esta realidad. En España, el absentismo laboral se sitúa actualmente en torno al 7–7,5%, según los principales indicadores oficiales. Sin embargo, en el sector de la limpieza profesional esta cifra es muy superior. Las organizaciones empresariales del sector sitúan el absentismo en un rango aproximado entre el 10% y el 13%, muy por encima de la media nacional, según publicaciones recientes de patronales del sector. A esta situación se suma una alta rotación laboral. Es una dinámica que en sectores intensivos en mano de obra, como la limpieza, se traduce en una rotación especialmente visible en los servicios. Además, un gran volumen de los servicios, se desarrolla en régimen de jornada parcial. Esta parcialidad es un rasgo estructural que complica la planificación estable de los servicios y la consolidación de los equipos. Estas cifras no resultan ajenas a las empresas del sector. Describen una realidad cotidiana: planificación permanentemente en tensión, dificultad para estabilizar equipos y una dependencia constante de la reacción inmediata ante los problemas. Este contexto tiene una traducción directa en términos económicos. En un sector donde el coste laboral representa una parte muy relevante del precio del servicio, el absentismo, la rotación y la fragmentación de las jornadas impactan de forma directa en la rentabilidad. Cada ausencia implica sustituciones de urgencia, horas extra, reorganización de turnos y pérdida de eficiencia. La rotación añade costes continuos de selección, acogida y aprendizaje. La parcialidad multiplica la complejidad operativa y reduce la capacidad de optimizar tiempos y recursos. Diversos análisis sectoriales estiman que el absentismo puede suponer entre un 4% y un 7% adicional sobre el coste salarial anual. A este impacto directo se suman costes indirectos difíciles de El mando intermedio: donde hoy se decide la estabilidad del servicio de limpieza Daniel Martín Fundador de Strattos Academy

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